Amas a alguien con trastorno bipolar. O al menos lo intentas. Y sé que eso no siempre es fácil. Los has visto atravesar cambios de ánimo que no pudiste predecir ni arreglar. Te has quedado despierto preguntándote si están bien. Probablemente has tenido miedo—no de ellos, sino por ellos. Te has preguntado qué deberías decir, qué no deberías decir, y si algo de lo que haces realmente ayuda. Primero, déjame decir esto claramente: gracias. Gracias por quedarte. Gracias por intentarlo. Muchos de nosotros hemos perdido personas en el camino, y si tú todavía estás aquí, ya has hecho algo significativo. Segundo, déjame decir esto con honestidad: no esperamos que nos salves. Y no puedes. Eso no es un fracaso de tu parte. Es simplemente la naturaleza de esta enfermedad. Me diagnosticaron en el otoño de 2015. En los años siguientes, no he vuelto a un hospital en crisis. Esa estabilidad no llegó porque alguien me amara lo suficiente. Llegó por aferrarme al consejo médico, buscar apoyo profesional ...